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lunes, 11 de junio de 2018

Devolución de los préstamos

Debido a que el final del curso es inminente, os recordamos que hay que devolver los libros sacados de la biblioteca cuanto antes.
Si te interesa quedarte con el libro en préstamo o sacar algunos títulos para el verano, no hay ningún problema. Puedes pasar por la biblioteca en el recreo para que el profesor bibliotecario lo apunte. 
Gracias por vuestra colaboración

jueves, 7 de junio de 2018

Concurso de Poesía y Microrrelato 2018 IV


Ganador en la modalidad de narrativa de Bachillerato
José Martos Luque
1º Bachillerato A


El olor de la muerte

Al entrar en aquella cabaña, noté cierto olor a putrefacción y, aunque os resulte extraño, más que producirme repulsión, me produjo cierto placer inexplicable, un placer nacido de aquel atrayente olor.
Aquel olor, penetró en mi mente, el simple hecho de respirar me producía un felicidad extrema. Jamás había sentido un olor tan hipnótico como aquel que taladraba mis fosas nasales. Quedé embobado en aquella habitación durante horas, parecía que aquel olor, de alguna forma u otra, había tomado control de mis acciones.
Aunque el olor era placentero, al pasar las horas, se quedó corto. Necesitaba estar más cerca de la fuente de aquel olor, poder palparlo y, por supuesto, olerlo a un centímetro de distancia y poder así notar todos los matices de aque maravilloso aroma.
Busqué durante una hora, hasta que encontré la fuente del olor. Era un cuerpo humano en avanzado estado de descomposición y, como me propuse anteriormente, lo olí a un centímetro de distancia.
Como esperaba, me produjo un gran placer, hasta el punto de retorcerme y desfigurar gran parte de mi cuerpo. Aunque mi felicidad era extrema, al estar al lado de aquel cuerpo que desprendía aquella maravillosa fragancia, necesitaba algo más, algo que me hiciese más feliz aún y entonces, se me ocurrió algo.
Saqué una navaja de mi bolsillo y precedí a acabar con mi vida, con un gran corte en el cuello, para sí conseguir que mi cuerpo desprenda tal maravilloso olor, el olor de la muerte.

*

Finalista en la categoría de narrativa de Bachillerato
José López Luque
1º Bachillerato A

El chico
Hace unos meses un chico nuevo llegó a nuestra clase, se sentó atrás sin mediar palabra con nadie, pero tenía algo que atraía todas las miradas, algo… antiguo y sobrecogedor, como si no perteneciese a este mundo.
La tercera hora de un jueves lluvioso, ya habían pasado dos semanas desde que llegó el chico nuevo a nuestra clase, cuando dijo una corta frase al oído de Valette, que según ella no entendió. Era un idioma diferente a lo que había escuchado con anterioridad, algo que ni siquiera era humano. A partir de entonces Valette empezó a cambiar en su forma de ser, empezó a distanciarse de sus amigas y de su pareja, hasta que un día fue ingresada en el hospital por algún tipo de sarpullido según nuestro tutor, lo cual no me creí, pues por un simple sarpullido, no suelen ingresar a alguien en el hospital, por lo que decidí ir a visitarla.
Estando en el hospital vi la verdadera razón por la que ingresaron a Valette. Su oreja había desparecido totalmente y parecía como que la parte derecha de su cabeza empezaba a desprenderse, a convertirse en polvo, en ceniza… Hablé con los doctores y, con recelo, me contaron que no sabían qué le estaba pasando, que no podían contener aquello y ahí descubrí que a ella le quedaba poco tiempo. Unos días después nos llegó la noticia, Valette había muerto, toda la clase estaba en shock, todos éramos grandes amigos de nuestra delegada.
En el trágico funeral de Valette hizo acto de presencia el chico “nuevo”, pues aún no sabíamos su nombre. En aquel entonces nadie había relacionado nada, pero recordé la frase que él le dijo a Valette, se la susurró por el oído por el que empezó a desaparecer Valett y sospeché que él había sido culpable. Después del funeral, conté mis especulaciones a Mike y a mi pareja Diana. Aunque con recelo, me apoyaron y juntos perseguimos desde lejos al chico nuevo. A unas dos manzanas del tanatorio vimos cómo el chico se paraba y empezaba a ser arrastrado por el viento, como si de pronto se hubiera convertido en ceniza y empezara a ser erosionado por el viento. Al cabo de unos minutos desapareció. Nosotros huimos aterrados de la escena acordando que dejaríamos de indagar en la vida del chico.
Unos meses más tarde, llegó nuestra graduación. Todos estábamos en el salón, no más guapos, pero sí mejor vestidos, hasta el chico se puso lo que parecía ser una túnica antigua. En cualquier caso nadie le prestó mucha atención hasta que subió a recoger su orla. Entonces empezó a formarse un torbellino débil de ceniza alrededor del salón y él empezó a hablar un idioma críptico y antiguo. De pronto un relámpago púrpura tocó tierra junto al chico y la ceniza empezó a amontonarse hasta formar una figura desgastada y parecida a una momia. Era Valette.
Ellos empezaron a formular lo que ahora creo que sería algún tipo de conjuro al unísono y relámpagos empezaron a brotar del tornado de ceniza y cayendo encima de las personas que se encontraban allí presentes. De pronto a Diana le cayó un relámpago y empezó a desaparecer, como cuando vimos al chico desaparecer en el callejón. Las cenizas de Diana fueron arrastradas por el torbellino. En un ataque de furia fui al lugar donde se encontraba el chico contemplando, con ese aire condescendiente con el que nos había tratado desde que llegó. Lo miré y le asesté un puñetazo en la barbilla, la cual se deshizo en un puñado de ceniza y de pronto, una blancura. Un resplandor. Un ruido…

miércoles, 6 de junio de 2018

Concurso de Poesía y Microrrelato 2018 III


Ganadora en la categoría de poesía
Rocío Delgado Delgado
2.º Bachillerato A

Pura poesía
Ella, pura prosa.
Él, verso escondido.
Sonrisas limpias bajo una turbia mirada. Atónitos, recontaban sus besos sin miedo.
Ella, melancólica.
Él, atareado.
Ella, indecisa.
Él, asqueado.
Extraña fusión de cuerpos que laten a distancia con distinto pulso y semejante energía. Se desgastaban entre en el entorno, se mezclaban entre las frías y lúcidas sábanas. Respiraban con fatiga, cada vez con más intensidad y más, y más, y más. Retumbaba por la sala sus jadeos, era constante. Se tapaban los oídos todos los presentes. El continuo murmullo se hacía más notable.
Ella, convencida, salió de la sala sin un rumbo fijo.
Él, contento, seguía su trazo dibujado.
Distintos caminos, ánimas revueltas, palabras efímeras, ambos rotos.
Ella, entrelazaba su pelo con el aire. Entre sus dedos sostenía algún que otro texto de Epicuro.
Él, le recitaba muy flojito poemas de Baudelaire.
Ella, lo contemplaba atónita.
Él, le introdujo cada verso escondido en sus insignificantes oídos.
Ella, danzaba sobre el papel sin dudarlo.
Él, la pintaba sin medida exacta.
Ella, volaba entre las misuras de sus labios.
Él, caía sobre la estepa patagónica.
Ella, deslizaba sus manos.
Él, localizaba cada gesto.
Ella, escapaba de nuevo.
Él, sonrojado la seguía.
Ella, descendía su velocidad.
Él, la aumentaba.
En el centro, caían las palomas.
Ellos, se levantaban.
Y se sujetaban con un mínimo tacto entre sus delicados dedos.
Él, se medicaba.
Ella, medicina.
Segundos después, dos jóvenes se veían a lo lejos. Sin miedo, con ganas. Adrenalina que se transmitía desde sus caras.
Ella, desde un acantilado saltaba.
Él, hacía alguna que otra acrobacia.
El agua, pasiva, se desplazaba con el movimiento de sus cuerpos.
El cielo robaba mil estrellas para esclarecer la luz sobrante.
Un ligero descenso, unidos, agarrados y sin temblor. No había nada que los parase. Ni nadie que lo impidiese. Sólo ella y él.
Ella, voz a pulmón de él.
Relojes que suenan con un áspero tic-tac, tic-tac....

Ella, pura poesía. 
Él, verso escondido. 

*

Finalista en la modalidad de poesía de Bachillerato
Carmen María Martos Liébana
1.º Bachillerato B

Sentencia de muerte
Palabras sin sentido escapan de mi lengua,
volviéndola enredadera sin darle tregua,
palabras que devoran el silencio
amedrentando vuestro aliente.
Jadeos desbocados,
congelándose en llantos y lamentos
impregnados en hilos de sangre,
entremezclándose con pensamientos descabellados
y gritos susurrados.
Mis palabras se mantienen latentes
en vuestras mentes,
recordándoos la muerte de una inocente.


lunes, 4 de junio de 2018

Mi libro preferido. V Edición

Este mes hemos conocido el resultado del concurso "Mi libro preferido" de la Fundación Cajasol y de la Fundación José Manuel Lara.

Una edición más nuestro instituto está de enhorabuena. Nuestra alumna Lucía de 2.º ESO C ha ganado este año a nivel provincial con el comentario del libro Saga de los héroes del Olimpo. ¡Felicidades, Lucía! Y felicidades también a su profesora M.ª José por animarla.

Si quieres leer los relatos presentados y, por supuesto, el ganador te dejamos el enlace. Pincha aquí.

Concurso de Poesía y Microrrelato 2018 II

Ganadora de la categoría de poesía de 3.º y 4.º ESO
M.ª José Contreras Cabrera
4.º ESO B

La primavera

Una vez pasado el invierno
comienza la primavera,
bienvenido sea el encanto
que en ella nos espera.

Son bonitas las mañanas
Cuando amanece mojado,
El aire mueve las hojas
Con un baile refinado.

Qué hermoso el mes de mayo
no hay flor que se resista
a crecer en su tallo,
y recrearnos la vista.

Caminando por jardines
observando la belleza,
de rosas, flores y jazmines
que brotan de la naturaleza.

*

Finalista en la categoría de poesía de 3.º y 4.º ESO
Elena Higueras Delgado
3.º ESO A


Naturaleza

Bella naturaleza,
de día desprendiendo luz.

Radias energía,
también contagias maravillas.

El canto de tu inspiración,
me hace sentirte día a día.

De noche contemplo tu calma,
a la espera que llegue el alba.

Son sueños que nunca se apagan,
tus infinitos paisajes, tu bello horizonte.

Mar, tierra y agua,
siempre te halagan.

*

Ganadora en la categoría de narrativa de 3.º y 4.º ESO
Carolina Maldonado Rodríguez
3.º ESO A

Lugar inadecuado

Bajé las escaleras, iba con el traje que el día anterior mi madre me había regalado. Escuché a mi madre llamarme para que fuera al salón. Fui y empezaron a opinar lo elegante que iba, excepto mi padre, él no me miró, simplemente apartó la cara. Mi abuela soltó un comentario típico, pero inapropiado.
- Con lo guapo que vas y sin novia. -dijo mi abuela.
De repente mi padre gruñó a la vez que se levantaba para irse sin decirme ni una sola palabra. Mi madre apenada por la situación me dio un beso y me advirtió de lo sucedido la noche anterior.
Llegué a la fiesta, vi a mis amigos reunidos en un corro. Al acercarme me di cuenta de que hablaban de unas chicas que estaban sentadas al final de la mesa, cómo no. Me callé y fingí sentirme cómo hablando de eso, pero de repente, entró una chica. Iba vestida con un vestido llamativo y precioso, me quedé embobado. Después entró otra y así unas cuantas seguidas. Me imaginaba con ellos puestos, me imaginaba tener un vestidor con todos aquellos vestidos, pero me acordé de la conversación de la pasada noche con mis padre. Recordé la frase de mi madre, tú eres un chico y tú te vestirás como uno. Esa frase me hizo volver a la realidad y recordar que nunca podría ir así. Intenté evitar el tema en mi pensamiento y pensé que ir a por una bebida, me despejaría. Cuando llegué a la barra, vi una chica bastante diferente, evité la mirada y me cogí mi refresco, pensé en ir hacia mi lugar, pero de repente, estaba yendo por servilletas para limpiar el vestido de aquella chica misteriosa. Cuando terminamos se presentó y al igual hice yo. La miré por minutos, porque la veía diferente y después ella me soltó una frase que me impactó: Sí, soy trans, ¿algún problema? Yo me quedé callado unos minutos hasta que me digné a preguntarle.
-¿Y cómo lo supiste? -dijo yo.
Le cambió la cara y empezó a explicarme todo por lo que ella había pasado. Desde ese momento sentí que alguien realmente e entendía. Desde ese momento entendí que no era raro, sino igual a todos, pero no en el lugar adecuado. Desde ese momento entendí que debía aprender a elegir lo que quería y no depender de lo que quisieran mis padres para mi futuro.

*
Finalista en la categoría de narrativa de 3.º y 4.º ESO
María Serrano Mármol
4.º ESO A

Destino

La semana pasada al llegar a mi casa como todos los días, revisé mi buzón para ver si tenía alguna carta importante. Cogí la llave del buzón, que siempre la tengo guardada en mi cartera, y abrí el buzón. Había tres cartas, así que las cogí y entré en casa. Después de darme una ducha, me senté en el sofá y empecé a leer las cartas. Una de ellas me llamó especialmente la atención, ya que no pertenecía a mi dirección. Por lo tanto, la dejé sin abrir para mañana antes de ir al trabajo llevársela a su dueño correspondiente. Y así hice.
La mañana siguiente fui a la dirección indicada en la carta. Al llegar a la casa me sonó muy familiar, me quedé unos segundos pensativo, ya que la estructura era muy parecida a mi casa. Salí del coche y miré por la ventana para ver si había alguien… Y para mi sorpresa, en el interior de la casa, me observé a mí mismo… siendo asesinado.